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Por Dr. Héctor Raúl Neri y el Lic. Marcelo E. Albornoz (SADOP)

Como organización representativa de los docentes universitarios privados, nos sumamos a los debates y dejamos planteadas algunas consideraciones .
 Estamos asistiendo a un saludable debate sobre la educación superior y sus futuras incumbencias. Por lo tanto, dicho nivel educativo, será objeto de análisis y cuestionamientos que procurarán adaptar y/o modificar la actual norma a las nuevas circunstancias profesionales y a las necesidades políticas y económicas de nuestro país.
En este sentido, pretendemos que el universo docente universitario en general y el privado en particular, no asistan pasivamente a los debates que se están dando, por el contrario, desde el SADOP, ambicionamos promover y defender en aquellos, a los intereses profesionales y laborales de nuestros docentes, académicos e investigadores.
Creemos que es un imperativo para todos los que formamos parte de la docencia, el asumir un rol protagónico en la defensa de la educación como instrumento de progreso social, desarrollo económico y promoción humana.
La sociedad del siglo XXI, ya no aceptará dualidades educativas, en donde queden segmentados los diseños curriculares según los sectores sociales a los que se destine.
Este tipo de discurso ya no resiste el menor análisis y es impensable e incompatible con un Estado Democrático.
Una verdadera comunidad democrática debe promover las acciones sociales para brindar las mismas oportunidades formativas y educativas a todos sus ciudadanos, pero con un criterio rector innegociable como debe ser el de justicia social y equidad.
 
Principios innegociables de la futura norma.

En este aspecto, quisiéramos recordar, aunque sea de manera somera, que las políticas universitarias de los noventa, tuvieron una fuerte impronta economicista y tecnocrática, características que fueron estimuladas por los organismos externos que hoy y en la futura reforma debemos impedir y revertir. Por ejemplo, una de las variables que se exacerbó en aquel entonces, fue el de la tan mentada calidad educativa. Recordemos que el concepto de calidad proviene del ámbito empresarial y económico .Ahora bien: ¿es fácilmente traspolable los principios de administración económica a los principios de administración educativa? .Obviamente que nuestra respuesta a este interrogante es enfáticamente negativa.
A propósito, el profesor y especialista Juan Carlos Tedesco, ya reconoce este problema cuando habla de masividad y calidad educativa y de manera inequívoca expresa su posición contraria al concepto tecnocrático y ante la diyuntiva limitacionista restrictiva que algunos sectores plantean sobre el acceso popular y la calidad educativa , él (Tedesco), se expresa por la distribución democrática y equitativa del conocimiento y sostiene que aquellos criterios de selección, no son neutrales frente a variables como el origen social.
 
En definitiva, todos sabemos que cada vez es menor la presencia, permanencia y egreso de los sectores populares en el universo universitario y esto nos debe movilizar.
Para concluir, estamos convencidos que los actuales y futuros debates en torno al problema universitario y su regulación normativa no pueden ni deben soslayar en sus discusiones los tópicos referidos a cuestiones como :
        El irrestricto respeto a los derechos laborales de los docentes. Tanto en las universidades públicas como privadas.
        La Calidad y nivel de formación de los graduados.
        La identificación y el acuerdo sobre los perfiles de los futuros egresados.
        El resguardo innegociable de la idoneidad y responsabilidad social de los futuros profesionales.
        La resolución a los problemas de acceso, permanencia y baja tasa de culminación por cohorte.
        La preocupante articulación intra e inter universidades en las ofertas académicas.
        El financiamiento, en donde la principal responsabilidad le compete al Estado en concomitancia con los ingresos generados autónomamente por investigación y asistencia técnica de cada casa de estudios .
        La participación democrática y proporcional de los distintos claustros en el gobierno institucional( docentes, no docentes, graduados y alumnos) .
        La autonomía de gestión y la libertad de cátedra.
        El contralor y supervisión del Estado a través de los organismos pertinentes.
        La promoción educativa a los sectores más populares a través de becas.
Lo precedente no tiene carácter de taxativo sino que es ejemplificativo del debate que inexorablemente se viene y que desde el SADOP seguiremos dando.
Recordamos que éstos son solo algunos de los nudos a trabajar para adecuar la norma a las nuevas realidades y como sosteníamos al principio, los docentes debemos ser protagonistas de este promisorio proceso, no olvidando que un proyecto de nación desarrollada e integrada requiere de un sistema educativo que la promueva.

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